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miércoles, 23 de febrero de 2011

Diario de una estudiante en prácticas (2)

Después de 23 días (en los que he sólo he actualizado tres veces... ¡Viva la constancia!) que he pasado en mis prácticas, tengo material suficiente para hacer una entrada sobre las perlitas que sueltan los niños por su boca haciendo que se te escape una sonrisa o una carcajada, para qué vamos a mentirnos.

Y es que sus mentes inocentes y llenas de preguntas cada día me asombran más.

  • Y voy a ir a la playa y voy a nadar en el mar sin bañador ni nada (En realidad se refería a que nadaría sin manguitos xD)
  • Y cuando vaya a Benidorm voy a invitar a la profe Elena (osease yo, ¡este verano me voy a Benidorm chicas! jajaja)
  • Pues mi hermana ha aprendido a comerme el brazo.
  • ¿Te puedo dar un abrazo?


Estar en una clase con niños tan inocentes, transparentes y sinceros, te sube la moral. De verdad. No recuerdo cuál fue la última vez que en la universidad o en el instituto me dijeron cosas como:
  • ¡Qué guapa vienes hoy, profe!
  • ¡Qué bien te queda esa camiseta!
  • ¡Me gusta tu pelo!

Conversaciones:
En el patio, hablando con una niña y un niño.
Yo: ¿Y vosotros dos sois muy amigos?
Otra niña se acerca y coge al niño del brazo:
Niña: Nosotros lo que somos es muy novios.

En clase, aproveché para hacer una corona de broma para el cumple de mi hermana que sería al día siguiente (sábado), como siempre que haces algo extraño, un grupo de niños se acerca a preguntarte qué haces, cómo lo haces y por qué lo haces.
Niño: ¿Y cuándo es el cumple de tu hermana?
Yo: El sábado. Mañana.
Niño: ¿Y puedo ir?
Yo (riéndome): Pero si no la conoces.
Niño (muy serio y completamente convencido): Da igual, tú me la presentas y yo voy.
El lunes siguiente se me acerca el mismo niño con aire triste.
Niño: Al final no pude ir al cumple de tu hermana porque me fui a casa de mi abuela.

Adoro pintarme las uñas y de colores que no pasan desapercibido. Ésa semana las llevaba de negro.
Niña: ¿Qué te pasa en las uñas?
Yo: Que me las he pintado.
Niña: ¿Por qué?
Yo: Porque me gusta
Niña: ¿Y tu mamá te deja pintártelas?



Observando a tres niñas hacer un dibujo.
Niña 1: ¡Te llamaré Maria Elena!
Yo: No, Elena a secas
Niña 1 (riéndose): ¿Elena a secas?
Yo: Claro, si me llamáis Maria Elena no os voy a hacer caso porque no es mi nombre.
Niña 2: ¿Y si te llamo Princesa Elena?


Anotando unas cosillas para la memoria que tengo que hacer sobre las prácticas.
Niño 1: ¿Qué haces?
Niño 2: ¿Son deberes?
Yo: Sí, son deberes.
Niño 1: ¿Y quién te los ha mandado?
Yo: Mis profes de la universidad.
Niño 2: ¿Y por qué no los haces en tu casa?

Yo: ¿Es verdad que le has pegado un puñetazo?
Niño (arrepentido aparentemente; la inocencia hecha cara): Sí... pero ha sido sin querer.

Y hasta aqui de momento, muchisimas frases épicas que dicen se quedan perdidas en los rincones de mi memoria de pez pero intentaré seguir recopilando en los días que me quedan ^___^

jueves, 17 de febrero de 2011

Hola...

Vaya... me parece ridículo que me haya costado tantos meses decirte esa palabra que, al fin y al cabo, digo tantas veces al día y a tanta gente que no conozco pero, ¿a ti?
A ti soy incapaz, me limito - y contento- con mirarte y sonreírte levemente, cobarde, tímida, niña; jueves tras jueves... pero ya se va acabando el curso y ni siquiera sé como suena tu voz y eso me mata.

Sólo necesito una mirada tuya para que mi corazón se acelere y mis mejillas se sonrojen pero hay tantas cosas que me gustaría saber de ti... no me sirve eso de que las miradas hablan porque la tuya no me dice nada. Me gustaría saber qué piensas de mí, si crees que soy una chica aburrida con la que puedes jugar a las miraditas por aquí y por allá, si la noche del miércoles te pones nervioso porque apenas quedan unas horas para vernos en ese destartalado autobús, si te entristece no encontrarme sentada en el sitio de siempre o si las siete menos cuarto de la mañana te pesan menos en los ojos -y en la mente, en todo en general- cuando me ves.
Me gustaría saber si simplemente eres tímido -como yo- o es que soy un entretenimiento de unos minutos de viaje...

Hay tantas cosas que quisiera descubrir de ti... te escribo esto porque ya no me conformo con miradas "que hablan" por las mañanas, porque creo que se me da mejor escribir que hablar, pero sonrío irónicamente al saber que nunca te daré esta carta.

¿Qué pensarías si me vieras dándote un papel doblado? No quiero ni pensarlo.

Y pensando en tus posibles nombres y en nuestro próximo y breve encuentro me despido.
Por cierto, me llamo Elena. Encantada.


Te has vuelto a sentar detrás de mi y no se si
lo haces para fastidiarme o porque quieres ser
tú el que me observe durante todo el trayecto.
Personalmente, prefiero pensar
que es la 2ª opción.

[Parte 1]

martes, 8 de febrero de 2011

No se puede confiar en alguien que cree que estás loca

Sr. Denim, soy la doctora Keller. Le llamo del centro piquiátrico The Black Hills, me gustaría concertar una cita con usted lo más pronto posible, es sobre...

Mi madre. Sí, mi madre. Sólo habían pasado ocho meses y yo seguía en esta puta pesadilla de la que no despertaría jamás. Cada noche me despertaba empapado en sudor frío, entre lágrimas y estremecimientos punzantes. Hay que ver lo poco que cuesta que algo te cambie la vida radicalmente.

Todo comenzó con la desaparición de mi hermana pequeña. Claudia. Esa niña bonita de ojos azules y brillantes y pelo dorado como el sol. Mi madre la llamaba la luz de su vida, yo no me sentía ofendido porque tambien era la luz de la mía.

Claudia era buena, dulce, generosa, a veces creía que no era humana porque no era capaz de encontrarle defectos, ni yo ni cualquiera. Muchas la envidiaban. Muchos la querían. Y Claudia se paseaba por la vida sonriendo, sin una pizca de maldad en su interior.
Por eso cuando desapareció todo mi universo se sumió en oscuridad. En una oscuridad tan absoluta que todo se volvió gris, todo perdió color; la tierra, el cielo y yo. Pero mi madre fue como si se apagara de repente.

Mi tío se hizo cargo de las riendas que no podíamos coger ni mi madre ni yo, organizó todas esas manifestaciones, habló con los medios, creó páginas y grupos en redes sociales, empezó a remover cielo y tierra, pero sin noticias de Claudia. Su secuestro conmocionó al país durante la semana que duró la noticia y hasta que encontraron otra cosa de la que hablar, pero a nosotros nos dolía su pérdida como si millones de agujas nos atravesasen cada hora, cada minuto.

Y por eso, cuando un mes después encontraron su cuerpo sin vida alguna en la salida de una autopista a cientos de millas de nuestro casa, no pude hacer nada más que subir. Ya había tocado fondo, sólo podía ir hacia arriba. Había pasado la pesadilla de la incertidumbre, estaba muerta. No soñaría cada noche con sus torturas o cualquier otra aterradora imagen que una mente atormentada por la pena puede crear. Estaba en casa y la lloraría siempre, pero tenía que salir a flote.

Mi madre había decidido hace mucho dejarse llevar hasta un lugar donde no existía la cordura, veía a Claudia en cada esquina, hablaba con ella, peinaba su sedosa melena y no hacía más que cocinar su comida favorita. Unas semanas después del entierro de Claudia la situación era insostenible cuando me amenazó con un cuchillo al decirle que Claudia no volvería jamás. Fue entonces cuando decidí ingresarla

Gritaba mi nombre con la garganta desgarrada mientras unos enfermeros la empezaban a arrastrar hasta su celda habitación.
- Mamá, por favor, relájate. Aquí vas a estar bien, van a ayudarte a superar lo de...

- ¡No pronuncies su nombre! ¡No lo pronuncies!- terminó sollozando, cayendo como una muñeca rota entre los brazos de los enfermeros. 

Yo me acerqué a ella y le retiré el pelo de la cara secandole las lágrimas con la palma de la mano.

- Todo va a salir bien, mamá. Confía en mí.

Sus ojos vacíos de brillo, vida y esperanza sostuvieron los míos durante un instante eterno.

- No se puede confiar en alguien que cree que estás loca.




He decidido empezar a utilizar mi antigua cuenta de Deviant art
Aún es bastante pobre pero  aqui os dejo el link
Si alguna tenéis cuenta decirmelo y nos vemos por allí ;)

jueves, 3 de febrero de 2011

Lo que de verdad importa



Shh. Cierra los ojos.
No importa de donde vengamos. No importa quiénes seamos.
Te quiero. Me quieres.
Y eso justifica todo lo demás.



Dibujito recién hecho.
Ala derecha de la chica totalmente amorfa (las perspectivas nunca fueron lo mio)
Lo demás, puro sentimiento.


miércoles, 2 de febrero de 2011

Diario de una estudiante en prácticas

He estado ausente estos días. Lo sé. Pero era la recta final de los exámenes de enero y tampoco estaba poco inspirada.
Pero, porfinporfinporfin, he acabado. ¡Adios examenes! ¡Hola vida!
Además el último examen tras esperarme el peor infierno de mi vida fue sumamente fácil, y salí pletórica, con la risa congestionada en mi cara. Un diez al día de ayer, encima por la tarde cine improvisado en mi salón con dos personitas muy importantes para mi (personita 1 y personita 2)

Pero cuando llegó la noche mi estado de ánimo cambio levemente

¿Sabéis de esa sensación de tener ilusión por hacer algo pero al mismo no querer que llegue el momento porque en el fondo tenéis un miedo terrorífico?

Pues más o menos lo que sentí yo cuando miré el reloj a las diez de la noche y fui consciente de que apenas me quedaban unas horas para comenzar las prácticas.

Yo, frente a una clase de pequeños y malvados niños de 3, 4 o 5 años (anoche aun estaba por determinar la edad) Mi imagen mental de la situación se iba por senderos negativos  y aterradores. Imaginaba la peor situación de todas. Imaginaba que durante un mes y medio iba a estar encerrada en una clase con 24 niños similares a los párvulos de La Banda del Patio (serie que muchas recordaréis) 

Cambiar el pelo de T.J. Detweiler por uno un poco más largo y rizado. Ahí me tenéis en mis más turbias visiones


Así que esta mañana después de equivocarme de puerta para entrar al colegio y morirme de vergüenza por ello he visto que mis visiones terroríficas no tenían ninguna razón de ser, ni se asemejaban por asomo a lo que me iba a encontrar.
Una tutora majísima.
Una clase de 24 niños de cuatro años vergonzosos la primera hora e imparables las cuatro horas siguientes.
Unos niños cariñosos, traviesos y muy muy habladores. Unos niños curiosos. Un método de trabajo distinto al tradicional. Una práctica que se aleja muchísimo de la teoría explicada en esas interminables horas de Didáctica General. Unas sesiones de patio de frío congelador. Una sala de profesores llena de bollos, cafés, fruta, zumos, bocadillos e infusiones dándome la bienvenida.
Una emoción enorme cuando unos nueve niños me ha rodeado y me han empezado a tirar de brazos, caderas y piernas para que fuera a sentarme con ellos, para que les contara un cuento. 
Una sonrisa cuando me han entregado varios dibujos que han hecho libremente para mi y otra sonrisa aun más grande cada vez que alguno me llamaba profe.

Y es aquí, en este punto de mi vida de estudiante, cuando me doy cuenta de que esto te tiene que gustar de verdad, que tiene que ser por vocación y que me da igual que mucha gente infravalore la carrera de Magisterio diciendo que lo único que voy a hacer en mi vida es limpiar mocos y hacer collares de macarrones. Porque cuando veo sus caritas atentas a lo que su profe tiene que enseñarles o cuando te abrazan con un cariño infinito pienso que es un trabajo de lo más gratificante. 

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